Patrimonio

Reliquia Ex indumentis de San Fernando.


En el año 2018 es concedida a la Hermandad por parte del Cabildo de la Catedral
de Sevilla una reliquia Ex indumentis de San Fernando.









Corona de Capilla de San Fernando.



Se trata de una corona en metal con baño de plata de ley de la empresa de
Orfebrería Castilleja, para que la lleve nuestro Titular durante todo el año en la Capilla.


Reliquia de la Virgen de los Reyes.



El 7 de diciembre de 2021 la Asociación de Fieles de Nuestra Señora de los Reyes y San Fernando, concedió a nuestra Corporación una reliquia del manto de coronación de la Virgen de los Reyes del año 1904.



Reliquia de San Manuel González.




Se trata de una Reliquia de primera categoría del Sevillano San Manuel González, Obispo de los Sagrarios vacíos


Escudo




El escudo de la Hermandad está compuesto del Pabellón Real, por la condición de Rey de San Fernando.

Tiene dos óvalos, el derecho representa el escudo de armas de San Fernando y en el izquierdo encontramos la jarra de azucenas que simboliza la devoción de San Fernando hacia la Santísima virgen María.

En el centro encontramos la custodia que hace referencia al Santísimo Sacramento como el Gran Misterio Central de la Fe de San Fernando.







Estandarte

El Estandarte que se convierte también en insignia, bajo diseño del diseñador Conquense Adrián López Álvarez queda definido por el universo estético de los Siglos XV XVI, una época de esplendor de la Ciudad de Cuenca. Basándose en varias casullas conservadas en el Museo Nacional de Artes Decorativas y en los conocidos ternos de Las Calaveras y de San Lorenzo que se conservan en el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, se trazó este diseño.

Se trata de un estandarte de dos puntas de grandes dimensiones de bordes rectos. Se divide en dos parte que ocupa la mayor parte de la superficie del estandarte, y es el lugar donde se ubica el ovalo central donde figura la pintura del Artista Madrileño José Carlos Corpuz; y la cornisa de forma recta que remata el estandarte en su parte superior y que presenta un pequeño relive.

El marco exterior presenta una cenefa a modo de grutesco que se repite varias veces, compuesta por una trama geométrica salpicada de pequeños motivos vegetales y nudetes, que remite a los motivos decorativos bordados en aplicación o en la técnica del oro tendido, con poco relieve, en las vestimentas litúrgicas del Renacimiento inicial. Es característico, sobre todo el trazado geométrico que articula la composición, un tipo de elemento que llegó al bordado procedente de las rejerías y los trabajos de forja, y que fue desapareciendo en favor de las decoraciones vegetales profusas a base de acantos conforme se fue avanzando hacia el Barroco. La cenefa se dispone en espejo a ambos lados de unas cartelas que son, alternamente, cuadradas o redondas, y que presentan en su interior motivos heráldicos del Reino de Castilla: las cartelas cuadradas castillos y las cartelas redondas leones rampantes. En ese marco exterior se aprecian cuatro elementos distintivos que rompen esta alternancia de cartelas y grutescos. En el centro del lado superior una cartela con la inscripción “SAN FERNANDO REY”. En las dos puntas del estandarte dos cartelas de formas ovaladas en las que aparecen una custodia en la de la izquierda y una jarra de azucenas en la de la derecha, aludiendo así a las dos grandes devociones de Fernando III. Finalmente, en el interior del estandarte, donde confluyen las dos puntas, se aprecia un escudo heráldico inscrito en una cartela y rematado con una corona real medieval, en el que figuran las armas de Castilla durante el reinado de San Fernando.

El interior del estandarte está articulado en torno al el óvalo central, en el que ha de figurar la pintura con la efigie del Rey Santo, y que ocupa prácticamente todo el espacio central de esta zona, por lo que solamente deja dos regiones simétricamente dispuesta a ambos lados para disponer la decoración. En estas partes he trazado una ornamentación vegetal de formas sinuosas que presenta todos los rasgos característicos de los bordados del Renacimiento medio y final que vemos, por ejemplo, en los dos ternos escurialenses a los que hacía referencia antes: tallos geométricos con quiebros rectilíneos; roleos muy abultados y recogidos, poco carnosos; hojas de acanto; nudetes; caracolillos y otras formas más singulares como dos cornucopias muy estilizadas y algunas flores de fantasía.

La cornisa es, por su parte, sencilla y elegante. De líneas severas y rectas, presenta en la base un sogueado y, sobre él, una gola decorada con ovas y flores. Encima de ésta una moldura recta da paso a una crestería a base de estilizadas hojas de acanto doradas que recuerdan a las que suelen rematar las coronas reales medievales.


Vídeo presentación diseño del Estandarte

Vídeo presentación del Lienzo del Estandarte por el Pintor Jose Carlos Corpuz






Corona de Salida

Específicamente, se ha querido hacer un pequeño homenaje a la obra de Alonso García (1599-1640), platero toledano al que se deben las dos espectaculares coronas que posee la Virgen de la Caridad de la localidad de Illescas, otra magnífica corona para la Virgen del Rosario de la localidad de Ajofrín y la tristemente desaparecida corona imperial de la Virgen del Prado, patrona de Ciudad Real. Estas cuatro maravillosas coronas han sido la principal fuente de inspiración en la elaboración de este diseño realizado por Adrián López Álvarez, apreciándose especialmente su influencia en el dibujo del canasto, el planteamiento del remate escultórico del mismo y su encaje en la aureola.

El canasto presenta un basamento recto, muy clásico, concebido a modo de friso corrido, en el que se aprecia una decoración de ferroneries con ovas, encadenada a unas cartelas en cuyo centro vemos, engastadas, piedras preciosas de tonalidades rojas y verdes, idealmente rubíes y esmeraldas, que eran las más usadas en el basamento de las antiguas coronas reales medievales. Sobre ese basamento se levanta el canasto propiamente dicho, compuesto mediante el entrelazamiento de un motivo de ferronerie que recorre todo el canasto horizontalmente y es cortado verticalmente por seis secciones, delimitadas por motivos mixtos de roleos, volutas y hojas de acanto.

En el centro de cada una de estas secciones, la ferronerie se ensancha y se convierte en una tarja o cartela que alberga, en su centro, un motivo principal. Este motivo es, en las secciones frontal y posterior del canasto, un escudo de armas, en la primera el de la ciudad de Cuenca, y en la opuesta el antiguo escudo de Sevilla (el del característico “NO-DO”, que aparece, por ejemplo, en numerosas ocasiones en la fantástica fachada plateresca del Ayuntamiento, que mira a la Plaza de San Francisco). En las otras cuatro secciones, que son las dos laterales de cada cara de la corona, en lugar de los escudos de armas se abren cuatro medallones ovalados con relieves en los que figuran alegorías de las virtudes cardinales: la Prudencia, la Justicia, la Fortaleza y la Templanza. La presencia aquí de las virtudes cardinales no es casual, sino que tiene que ver con que, como ya dijimos, el canasto simboliza el poder terrenal de San Fernando y éstas son, precisamente, las cualidades que en el pensamiento cristiano medieval y renacentista se asociaban a los grandes gobernantes.

El canasto culmina en seis imperiales muy esbeltos y sencillos, sin decoración vegetal, que, sujetan un nudete decorado con hojas de laurel, sobre el cual se abre un plato o peana donde vemos tres figuras. Se trata de representaciones alegóricas de las tres virtudes teologales: la Fe, la Esperanza y la Caridad. La primera aparece como una dama que sujeta una cruz en una mano y un cáliz en la otra, y lleva los ojos vendados. La segunda se muestra como una muchacha que sujeta un ancla junto a ella. Y, finalmente, la última será representada como una mujer joven, con una cornucopia a sus pies y que está amamantando a un recién nacido. Las tres figuras aparecen sentadas, de modo que ocultan una columnilla que termina en unas hojas de acanto que, al abrirse, dan espacio al orbe, que estará terminado en color azul. Sobre el mismo, se yergue una peana cuadrada con una esmeralda engastada, en la que apoya una sencilla cruz biselada, como las que remataban las coronas barrocas que han sido tomadas como modelo. Finalmente, uniendo la base del canasto con el remate del mismo, se dispone hacia ambos lados la aureola que como ya se ha dicho alude a la santidad de Fernando III. Es una sección muy esbelta y sencilla, que quiere alejarse de las clásicas aureolas de las preseas marianas, mucho más elaboradas.

Está compuesta por una moldura perimetral decorada con una corona de laurel, que simboliza la gloria imperecedera alcanzada por el Santo Rey, sobre la que se tienden, a intervalos regulares, unas pequeñas cartelas con engastes de aguamarinas ovaladas. Hacia dentro de la moldura vemos una cenefa de ferronerie que alberga ovas lisas y está salpicada por hojas de acanto extendidas. Esta cenefa parte de la base del canasto y, en la parte superior de la corona, se conecta con los acantos que sujetan el orbe, dando así homogeneidad estructural a la pieza. Hacia el exterior de la moldura que hace de alma de la aureola, se tiende la ráfaga, que busca un aspecto muy luminoso, de resplandor o de aura, y por eso está compuesta exclusivamente por diez conjuntos triangulares de rayos de puntas, separados entre sí por rayos flamígeros bifurcados.

 

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